El enorme potencial de Tejada la Vieja

Desde 1998 la provincia de Huelva celebra las Jornadas Europeas de Patrimonio, un programa de sensibilización sobre el Patrimonio Cultural, promovido por el Consejo de Europa en colaboración con la UE, que se articula a través de jornadas de puertas abiertas a diferentes enclaves.
El próximo 12 de noviembre por la mañana, esta iniciativa acercará a los ciudadanos al yacimiento de Tejada la Vieja, sito en el municipio onubense de Escacena del Campo. El evento consistirá en una visita al interior del asentamiento, guiada por la arqueóloga Clara Toscano, en la que los asistentes podrán observar la superficie excavada, de una hectárea de extensión, a lo largo de las diferentes campañas que han tenido lugar desde mediados de los años 70 del siglo XX en la zona.

La doctora en Arqueología Clara Toscano Pérez.
La doctora en Arqueología Clara Toscano Pérez.

Una propuesta que supondrá “un importante impulso en la difusión de este Bien de Interés Cultural (BIC), que sorprendentemente es desconocido para muchos onubenses”, explica Toscano, directora del último proyecto de intervención llevado a cabo en el yacimiento onubense. Y es que este espacio posee una enorme trascendencia histórica al formar parte del limitado grupo de oppida (recintos fortificados) de época tartésica y turdetana vinculado con la actividad minero-metalúrgica y cuyo estado de conservación permite el estudio diacrónico del lugar.
Con motivo de estas Jornadas Europeas de Patrimonio, vamos a profundizar en la historia de este asentamiento prerromano. Para empezar, gracias a las distintas intervenciones arqueológicas efectuadas, los investigadores han descubierto que pasó por varias fases. La primera, desde fines del siglo IX a.C. hasta fines del VII a.C., responde a la primera ocupación del lugar y la construcción de la muralla, el elemento más destacable de este oppidum, con una altura máxima conservada de tres metros, y al que se añadieron una serie de refuerzos, como torres y contrafuertes.

Los vikingos fueron derrotados en Tejada.
Calles y plaza de Tejada la Vieja.

Asimismo, la segunda fase abarcaría desde el final de la anterior hasta mediados del siglo VI a.C., momento en el que tiene lugar el auge urbanístico de la ciudad y mayor diversificación económica, al ampliarse a la agricultura y ganadería, coincidiendo además con un incremento de la actividad comercial. Fue su etapa de esplendor, en la que se construyeron “grandes edificios públicos, de la trama urbanística de la ciudad y de estructuras de carácter industrial que evidencian movimientos económicos de amplio espectro, centrados en la redistribución de los minerales traídos de la Cuenca Minera onubense”, explica Toscano.
Su última fase de vida se caracterizó por una recesión, aunque no una quiebra, con respecto al mundo anterior, del que era heredero directo. La ciudad acabó siendo abandonada por sus habitantes, existiendo la hipótesis, bastante verosímil, de que éstos se trasladaron a un nuevo asentamiento, Tejada la Nueva, posiblemente porque este último estaba mejor comunicado y permitía un control visual más amplio del territorio.

Vista exterior de la muralla de Tejada la Vieja.
Vista exterior de la muralla de Tejada la Vieja.

Hasta su desaparición, los habitantes de Tejada la Vieja se dedicaban a la agricultura y la ganadería, además de a la actividad minero-metalúrgica. En este sentido, la arqueóloga señala que donde destacaron sobremanera “fue en la redistribución de los bienes, sobre todo el mineral, que se enviaba por una doble vía: de una parte hacia la antigua desembocadura del Guadalquivir, que en la Antigüedad lo hacía mucho más al interior que actualmente, en lo que se conoce como el Lago Ligustino; de otro lado hacia el puerto de Onoba (Huelva) a través de Niebla por un camino que fosilizaría la actual vereda de Niebla”.
Así pues, de esto último se deduce que Tejada la Vieja era un asentamiento dedicado al mineral, materia que llegaba a esta zona desde Riotinto por el camino de la Pata de Caballo y que los habitantes se dedicaban a redistribuir. En este sentido, la doctora Toscano señala que también “se han constatado escorias vinculadas a la producción de plata reutilizadas como material constructivo, aunque no se han localizado los hornos. Pese a ello, deben encontrarse en alguna de las zonas más alejadas del núcleo residencial, para la explotación de los minerales procedentes de las minas de los alrededores, como la del Carmen o Trinidad, que seguramente eran ya explotadas en ese momento”.

Vista aérea de Tejada la Vieja.
Vista aérea de Tejada la Vieja.

Conocer estos datos ha sido posible gracias a las campañas de excavación realizadas en el asentamiento. La primera de ellas se llevó a cabo entre 1974 y 1975 en el marco del Proyecto Arqueometalúrgico de Huelva, encabezado por A. Blanco y B. Rothenberg y que se centró en el lado sur de la muralla y en una zona interpretada como de almacenes, ubicada en las inmediaciones.
Más tarde, fue el Servicio de Arqueología de la Diputación de Huelva el que emprendió el estudio del yacimiento, adquiriendo el lugar en 1984 y llevando a cabo seis campañas de excavación arqueológica (1983, 1984, 1985, 1986, 1987, 1997) en las que se recuperaron las franjas volumétricas que aportan estabilidad estructural a los lienzos y la excavación y restauración de los cimentos de las edificaciones de la ciudad.

Zona de excavación en Tejada la Vieja.
Zona de excavación en Tejada la Vieja.

El resultado fue la exhumación de 1’5 hectáreas en su nivel superficial, una extensión nada desdeñable aunque, según comenta Clara Toscano “el potencial es muy grande, pues sospechamos la presencia de estructuras, como mínimo, en las 6’5 hectáreas que conforman el BIC”.
En 2013, la Universidad de Huelva asumió las competencias del mantenimiento y conservación de Tejada la Vieja, virtud a un convenio de colaboración firmado con la Diputación Provincial. Las estructuras que habían quedado a la luz tras las diferentes campañas de excavación llevadas a cabo en el lugar se encontraban por entonces deterioradas debido tanto a las inclemencias meteorológicas como a la ausencia de mantenimiento, corriendo peligro de destrucción este importante enclave.

En la actualidad se realizan labores de mantenimiento.
Las labores de mantenimiento fueron llevadas a cabo por la UHU.

La situación del mismo motivó la puesta en marcha de un plan de emergencia que se denominó ‘Actividad arqueológica puntual consistente en labores de consolidación, restauración y restitución arqueológicas en Tejada la Vieja (Escacena del Campo, Huelva)’ y que fue autorizado, bajo la dirección de Clara Toscano Pérez, en mayo de 2015 por la Secretaria General de Cultura, siendo efectuado por el grupo de investigación de la UHU ‘Vrbanitas. Arqueología y Patrimonio’.
Entonces, la Universidad de Huelva firmó un nuevo acuerdo con el Ayuntamiento de Escacena del Campo que permitió repartir entre ambas instituciones los costes del proceso de limpieza, consolidación de estructuras y conservación al que el yacimiento ha sido sometido en los últimos tiempos.

Betilo localizado en Tejada la Vieja.
Betilo localizado en Tejada la Vieja.

A pesar de que esta última intervención no fue una excavación arqueológica propiamente dicha, la limpieza superficial permitió localizar nuevos objetos, siendo el más destacado de ellos un betilo. Así se denominan, como explica Clara Toscano, las imágenes de la divinidad hechas en piedra que no contienen figuras ni imágenes; por tanto, el betilo sería en sí mismo la morada de la divinidad y no una representación de la misma.
Físicamente, se trata de una pieza cilíndrica de caliza, con un peso cercano a los tres kilos, 38’8 cm de longitud y diámetro máximo de 5,9 cm, que presenta además cinco perforaciones en la zona superior y muescas realizadas con algún elemento metálico.

Cartel de la exposición.
Cartel de la exposición.

La pieza se localizó en la que se considera la zona de viviendas del yacimiento, que fue excavada parcialmente por el Servicio de Arqueología de la Diputación de Huelva en la campaña de 1985 y cuyo nivel de suelo actual corresponde al último nivel de uso del mismo, antes de su abandono a fines del siglo V o principios del siglo IV a.C.
El betilo, que fue limpiado y restaurado ya que presentaba abrasiones y arañazos superficiales, es uno de los numerosos objetos del yacimiento escacenero que forman parte de la exposición ‘De Tarteso a Ituci: Arqueología del Campo de Tejada’ que acoge el Museo de Huelva hasta finales de este 2016. Comisariada por el grupo de la Onubense ‘Vrbanitas. Arqueología y Patrimonio’, la muestra exhibe una amplia colección de piezas halladas en las dos Tejadas, la Nueva y la Vieja, y que ofrecen una visión de la historia de este enclave de la provincia de Huelva.

Detalle de muescas en el betilo.
Detalle de muescas en el betilo.

Así, quienes tengan la oportunidad de acercarse al espacio museístico, descubrirán diferentes tipos cerámicos de Tejada la Vieja usados entre los siglos X al IV a.C., desde los fabricados a mano a los hechos a torno del Período Orientalizante.
También, como pone de relieve Clara Toscano, en la exposición se muestra una representación de diversos útiles relacionados con el trabajo del metal en Tejada la Vieja, incluidos tanto los usados en los hornos de fundición como los elementos de metal de uso común, con una cronología entre los siglos VII-VI a.C.
Los objetos de uso personal también tienen su espacio en esta exposición, mostrándose algunos de adorno, entretenimiento y uso cotidiano durante el Período Orientalizante, así como otros empleados en la confección de tejidos, elaboración de alimentos y otras actividades.

Muralla de Tejada Nueva.
Muralla de Tejada la Nueva.

Asimismo, una de las vitrinas de la muestra se dedica a los artefactos importados relacionados con el comercio en general en Tejada la Vieja: cerámicas áticas importadas del Mediterráneo, ánforas para el transporte de mercancías, de las últimas fases del poblamiento de la ciudad.
En cuanto a la presencia de Ituci, nombre latino de Tejada la Nueva, en la exposición, Toscano hace hincapié en algunas de las piezas que los visitantes pueden ver, como un conjunto de monedas, cedidas temporalmente por el Ayuntamiento de Escacena del Campo, que destacan por ser la única ceca bilingüe de la provincia y de las pocas que emiten leyenda en latín y en púnico en el siglo II a.C.
Otro elemento expuesto es una cerámica sigillata marmorata casi completa, cuya singularidad radica en su parecido con el mármol. Se trata de una importación que tuvo lugar en un corto periodo de tiempo (del 40 al 90 d.C.), por lo que es muy útil para establecer cronologías, además de responder a una vajilla de cierta calidad no accesible a toda la sociedad.

Mosaico hallado en Tejada la Nueva.
Mosaico hallado en Tejada la Nueva.

Una de las piezas más llamativas corresponde a un mosaico que se relaciona con una villa rústica situada a menos de un kilómetro de Ituci y que se localizó de manera fortuita en 1987. Se trata de un mosaico polícromo hecho en opus tessellatum, del que se han expuesto dos fragmentos: uno restaurado con motivo de la exposición y otro donado por Juan del Valle, vecino de Paterna del Campo, que lo conservaba.
El último de los objetos es un sarcófago romano de plomo compuesto de tapa y caja localizado en 1978 al construir unas modernas naves para el ganado. Se hallaba aproximadamente a un metro de profundidad y, según información oral, contenía el esqueleto completo y bien conservado.
Las piezas de la exposición están acompañadas por paneles explicativos para profundizar en más aspectos, como urbanismo, economía, religión y sociedad, y también por vídeos realizados por José Antonio Portero que muestran imágenes captadas por un dron que ha sobrevolado ambos yacimientos.

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